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En esta sección podrás leer diversos artículos, ensayos, etc. relacionados con el desarrollo de la unidades curriculares Lógica Dialéctica y Formación Sociocrítica IV.

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El Maestro de El Libertador

Negación y Desaparición

por Sir John Whitmore

El capitalismo es un orden económico con imperfecciones que claramente le está fallando a la humanidad. ¿Tiene solución? 

LO QUE NECESITAMOS es una economía que esté al servicio de las personas, que permita que los seis mil quinientos millones de personas que somos intercambien bienes y servicios para el beneficio ecuánime de todos.

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Con la caída del Muro de Berlín SE ACABÓ LA ÉPOCA del comunismo. Los muros eran símbolos ambiguos de temor y control, estuvieran destinados a contener a las personas o a mantenerlas alejadas. Ahora también se acaba el tiempo del capitalismo y es irónico que Wall Street (que significa “Calle del Muro”) sea uno de sus principales hogares. Para muchos, la posibilidad de que el capitalismo sea otra falla de proporciones comunistas es impensable.

Por lo tanto, ¿qué tan bien o qué tan mal funciona el capitalismo en la actualidad? y ¿bajo qué criterio se debe juzgar? En términos relativamente simples, funciona mejor que el comunismo en la mayoría de los casos. Sin embargo, si cree que el comunismo soviético era peor que el capitalismo actual en todos los aspectos, mejor pregúntele hoy a un obrero ruso o a las muchas víctimas de los crímenes recientes en Moscú. Sin duda, el capitalismo funciona, pero para la mitad del mundo: la mitad rica. Cualquier sistema que promueva la avaricia competitiva creará bienestar y producirá beneficios considerables como tecnología innovadora, nuevos medicamentos, productos de consumo más baratos, etc.
En términos absolutos, sin embargo, el capitalismo es un error obsceno. Tenemos un mundo en el que más de 40.000 personas mueren a diario por no cubrir sus necesidades básicas, aunque existen excedentes; la explotación comercial está destruyendo nuestro hábitat y con ello, innumerables especies a una velocidad alarmante; se libran guerras por el deseo de controlar los recursos naturales. El capitalismo pone armas letales a disposición de todos, destruye nuestros bosques y priva a los sedientos de sus derechos de agua, todo en nombre de las ganancias. Como si esto fuera poco, en un estudio reciente se demostró que seis de cada diez personas que trabajan dentro del sistema capitalista están en la miseria. Sí; enfrentémoslo, el capitalismo es un error, un miserable error.

Sin embargo, así de horrorosas como son estas situaciones, son sólo las manifestaciones a corto plazo de malestares incluso más graves a largo plazo. El consumismo que todo lo consume ha llevado el viaje evolutivo psicoespiritual de hombres y mujeres occidentales a un punto muerto, o incluso a una regresión, en unas pocas décadas. Mediante la glorificación del exceso material como la meta final de la vida, y recompensando los esfuerzos de ganar en lugar de los esfuerzos por hacer el bien, las personas caen en la trampa de la desilusión de que “nunca nada es suficiente”. La ilusión del progreso, el desarrollo humano insensible y mudo, y la menor importancia del espíritu humano han sido inculcados, en especial a nuestros niños, por los defensores y los beneficios del capitalismo.

Estamos atascados en el nivel de la ganancia material cuantitativa y descuidamos la vida y aprendizaje de calidad. Hemos adquirido mucho conocimiento técnico de nuestro avance material y para éste, pero hemos perdido la sabiduría de implementarlo bien. Las empresas occidentales inescrupulosas promueven la adquisición sin sentido de excesos, de bienes frívolos y de marcas sobrevaloradas fabricados en lugares distantes por niños que trabajan horas de castigo en condiciones espeluznantes de miseria. Aún más alarmante es que éste puede ser el mejor trabajo que obtendrán.

Para asegurarse un mercado, los países más pobres están obligados a vender sus recursos naturales en el extranjero a precios muy bajos y, quienes se esfuerzan por producirlos siguen sufriendo hambre, mientras que sus colegas agricultores de países ricos reciben subsidios del gobierno. Estos no son nada más ni nada menos que crímenes perpetrados por la arrogancia en contra de la ignorancia y la inocencia. Los líderes políticos y empresariales, junto con la mayoría silenciosa de quienes aceptan sus acciones con apatía, sufren de una mezcla de miopía y negación de proporciones epidémicas.

LA FUNCIÓN PSICOLÓGICA de la negación nos permite retener la capacidad de actuar frente a la crisis para nuestra propia supervivencia. La negación es la forma en que los líderes manejan la culpa que de otro modo sentirían por su duplicidad. Niegan la inequidad que abunda en nuestro mundo; niegan la degradación del ambiente mundial. Los líderes empresariales no aceptan ninguna responsabilidad personal en nada, argumentando que es el trabajo de los políticos y que los directores ejecutivos tienen la obligación legal de maximizar el valor para los accionistas. Sin embargo, la mitad de las economías más grandes del mundo son empresas, no países, y el poder viene acompañado de responsabilidad; a menos que se niegue. La negación nos permite mantener la creencia de la avaricia, que conocemos como capitalismo. El liderazgo político y empresarial, y la mitad de la población de los EE.UU. viven en una ignorancia aislada del mundo real y promueven su forma de vida como la respuesta, y la envidia, para el resto del mundo. Lamentablemente, millones de consumidores emergentes ilusos en países no industrializados están destinados a caer en esto ahora y pagar las consecuencias después.

La avaricia no es algo nuevo. Existía antes del capitalismo. Lo que sucede es que se pone de manifiesto como un estado de alivio incluso más profundo en una etapa particular de la evolución social. Este estado de seguridad/competitividad de la conciencia es lo que motiva a las personas y a las empresas a esforzarse por tener más y más. Esta etapa se describe mejor como la necesidad de estatus y reconocimiento, y como es de esperar con esto tenemos un sistema económico acorde con esa necesidad. El capitalismo lo glorifica, y tanto que se convierte en nuestra forma de vida y mantiene a las personas atascadas. Lo ven como un fin en sí mismo en lugar de verlo como un nivel de paso de la inmadurez que refleja. Ello se acentúa con la caída del Muro de Berlín, porque, en un pensamiento dualista simple, algunas personas se convencieron de que el capitalismo era en realidad el derecho o la mejor estructura social para el mundo en ese entonces.

Una comprensión básica del proceso evolutivo nos debería indicar que es momento de pasar al siguiente nivel; ahora el sistema actual está obsoleto y el daño que provoca es intolerable para gran parte del mundo. El capitalismo fue inventado en occidente por occidentales y ofrece riquezas a quienes se unen al club. Pronto fue tan penetrante y dominante que otras culturas se vieron obligadas a abandonar sus propias opciones evolutivas y a adoptar el sistema occidental o morir. Muchas de ellas murieron de todos modos, pues el capitalismo occidental tenía poco para darles: porque primero se preocupa de los occidentales. El comunismo era visto como la única alternativa y tenía cierto atractivo como contrapeso colectivo para un capitalismo interesado; sin embargo, al menos en la forma en que se impuso y usó incorrectamente en la Unión Soviética, era condenable en cualquier parte.

En su libro Natural Capitalism, Paul Hawken busca dar un fin al capitalismo señalando que no cumple su propia intención establecida de economía de libre mercado. Sin embargo, señala que si hubiera una reestructuración, si ciertos productos y políticas no se subsidiaran, si se consideraran los costos de la sostenibilidad y si las generaciones futuras se tuvieran en cuenta, la mayoría de nuestras acciones perjudiciales serían muy costosas y, por lo tanto, no ocurrirían. Otros apuntan a ciertos capitalistas como Ricardo Semler de Semco y Ray Anderson de Interface que son dignos de mencionar “haciendo el bien”, pero afirman que personas como ellos siempre serán la excepción. No es necesariamente así, señala Frank Dixon, el mayor defensor del enfoque de responsabilidad corporativa total, que demostró cuántas empresas podrían beneficiarse enormemente yendo contra el sistema y siendo más éticos, más económicos y más ecológicos. Pero, ¿prestarán atención?

Muchos más defensores del cambio no ven otra esperanza que una fusión económica, un desastre ambiental de proporciones épicas, el descontento social o una guerra para llevar al sistema económico actual a un término oportuno. Esperan que emerja una mejor ave fénix desde las cenizas del capitalismo. Si es así, no se debe llamar capitalismo, porque eso perpetuaría esa definición obsoleta. El capitalismo y el comunismo ya no representan el “vanguardismo” ni doctrinas de moda, sino que ya están obsoletos arcaicos. El “capital humano”, el “capital natural”, los “activos humanos” y el famoso “triple balance” entre lo económico, ambiental y social son frases que sirven para legitimar lo ilegítimamente ético. Cuando cambiamos el lenguaje, cambiamos nuestro pensamiento, reconfiguramos nuestra percepción, nos liberamos de conceptos pasados y estamos obligados a crear nuevos.

El capitalismo ha producido su propio lenguaje que disfraza muchas verdades incómodas. ¿Qué son los inversionistas si no son jugadores? ¿De qué son culpables los ejecutivos del tabaco, si no es de genocidio? – de al menos 9.000 muertes al día que igualan la tasa de muerte más alta de Auschwitz. Hablamos de “daño colateral” cuando en realidad nos referimos a “bajas civiles”; aludimos a “publicidad” y “relaciones públicas” cuando en realidad estamos hablando de “manipulación”; cuando nos referimos al “consumidor”, se habla de “engaño”; para una contradicción de términos, se intenta la “ética comercial”. La negación nos lleva a sanear nuestro idioma, mientras que la terminología inflexible nos obliga a enfrentar la realidad. Es tiempo de que nosotros nos liberemos de nuestra negación, nuestro rechazo y nuestra molestia de hablar duramente de un tema difícil. Es tiempo de que nos comprometamos, analicemos y creemos un mejor futuro para todos.

Lo que necesitamos

LO QUE NECESITAMOS es una economía que esté al servicio de las personas, que permita que estos seis mil quinientos millones de personas intercambien bienes y servicios para el beneficio ecuánime de todos. Bajo el capitalismo, las personas comunes y corrientes están al servicio de la economía, en una postura de servilismo o incluso son prescindibles. Dicho cumplimiento sólo debe esperarse si la economía fuese verdaderamente para el bien común; pero no lo es. Tenemos el derecho de exigir una inversión fundamental de prioridad que cambie la naturaleza y el objetivo de la economía a una que coloque a las personas y a nuestro planeta en el centro de la vida, no al dinero y las ganancias. Dicho cambio gatillaría el término inmediato del capitalismo como lo conocemos.

Un número de visionarios a través del tiempo han previsto un nuevo orden económico. Marx fue interpretado de forma incorrecta; Mahatma Gandhi habló de una economía localizada, descentralización, autoorganización y autoadministración; hace menos tiempo, Muhammad Yunus fundó Grameen Bank, el primer modelo exitoso de microcrédito en el mundo. En la actualidad, Bernard Lietaer es uno de los innovadores líderes sobre el tema de los nuevos sistemas económicos. Todos sus aportes son importantes. Sin embargo, el nuevo orden socioeconómico no será diseñado por un visionario ni por un equipo de ingenieros sociales; ni tampoco será adoptado como un producto terminado.

Emergerá y evolucionará desde la voluntad y creatividad de las personas comunes y corrientes como sociedad, como un todo que gradualmente avanza hacia la autocreencia y la autoactualización. En estos niveles, los gustos de las personas se hacen más utilitaristas, ya que no tienen que probarse a sí mismas mediante exhibición material o de poder. Al mismo tiempo, su visión se amplía y su centro gira hacia las necesidades de otros y el deseo de hacer un aporte a la sociedad y a la vida entera. El orden socioeconómico emergente será diseñado y acorde con la expresión de valores inclusivos, humanitarios y colaborativos.

EN MI TRABAJO, conozco a más y más personas ligadas a los negocios que secretamente desprecian el sistema al que pertenecen, que deploran la carencia de valores empresariales, que saben que sus productos y servicios tienen una “pequeña consecuencia”, y quienes estarían encantados de salir y hacer algo más importante; pero tienen un hipoteca y un Mercedes que pagar, y 2,4 hijos en escuelas privadas que se sentirían en desventaja y vulnerables sin lo último en ropa de las marcas que sus compañeros ostentan. Se necesita valor para salirse del sistema, más del que la mayoría puede reunir. Por lo tanto se ven obligados a ponerse su traje y corbata y servir al sistema, pero con mayor frecuencia miran por la ventana dudando. El espíritu está naciendo en esas personas y se hacen cada vez más preguntas difíciles.

Sin embargo, aquí hay una anomalía. Quienes ocupan cargos de liderazgo, bajo las reglas antiguas, con frecuencia son quienes están sedientos de poder, los locos por controlar mediante el temor y los inseguros que necesitan algo que probar. Por lo general, los jefes son menos maduros que la comunidad a la que gobiernan y emplean y, por ende, pierden respeto y control. Su temor y negación aumentan, así como sus formas autocráticas, su arrogancia y su aislamiento con respecto a la realidad. Esto es tan evidente en la actualidad entre nuestros líderes políticos y empresariales. El sistema capitalista en que se basa su autoridad se está rompiendo como una capa de hielo con el calentamiento global y los deja flotando, desconectados, inestables y temerosos, como las personas comunes y corrientes, con menos invertido en viejas ilusiones, buscando construir puentes.

Leer versión original, en inglés:

http://www.resurgence.org/magazine/article513-DENIAL-AND-DEMISE.html

Sir John Whitmore es director ejecutivo de Performance Consultants. Es un pensador prominente en liderazgo y cambio organizativo, y trabaja en todo el mundo con empresas multinacionales líderes para establecer culturas de administración de coaching y programas de liderazgo. Ha escrito cinco libros sobre deportes, liderazgo y coaching, de los cuales Coaching for Performance es el más conocido, con ventas que superan las 500.000 copias en 17 idiomas.

El Valioso Tiempo de los Maduros

Autor: Mario de Andrade

(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de  sus lugares, talentos y logros.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca, con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas….
Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.

Sí, tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera, llegarás…”.

 

Fractal

La teoría del caos y el marxismo

Ferran Alemany

Tomado de http://www.elmilitante.org

Consultado el 16/12/2010

La concepción marxista de la realidad, el materialismo dialéctico, trata de explicar los distintos fenómenos de las ciencias naturales o sociales como procesos dinámicos sometidos a contradicciones y tensiones que se acumulan y estallan de forma brusca dando lugar a nuevos procesos. También se opone a la concepción de un mundo ideal en la que toda la realidad es reflejo de una idea, ya sea divina o innata en el ser humano. Por el contrario, hasta las más teóricas de las ciencias, las matemáticas, son una abstracción proveniente de la generalización de la experiencia humana durante generaciones. En las propias matemáticas, la acumulación de conocimiento ha provocado un enorme salto adelante, con la unión de la geometría fractal y la teoría del caos en los años ochenta, abriéndose las puertas a un mundo aún sin explorar, que confirma brillantemente el materialismo dialéctico. La teoría del caos trata de estudiar los fenómenos que dependen de tantas variables que no todas se pueden medir o que variaciones iniciales pequeñas producen efectos muy distintos.
Desde los orígenes de la humanidad, los hombres han empleado símbolos especiales, más o menos elaborados, para ayudar a sus razonamientos (muescas, guijarros, etc.). Su uso generalizado dio origen al concepto de número y a la primera teoría matemática elemental, la aritmética. Con la necesidad de construir viviendas, el desarrollo de la arquitectura y las necesidades de la agricultura nació la Geometría. La matemática griega compiló todos los saberes de las distintas culturas. Los grandes matemáticos griegos realizaron cálculos asombrosamente exactos y sus métodos siguen siendo hoy en día la base de nuestro conocimiento. Con procedimientos ingeniosos eran capaces de anticiparse a la realidad, realizar medidas de puntos inaccesibles, construir de la mejor forma… De alguna manera empezaba a esbozarse la idea de que la realidad se puede explicar por procedimientos matemáticos.

Mística y matemáticas

Una parte de ellos, liberados del trabajo manual, empezaron a especular con el conocimiento puro, partiendo de las generalizaciones hechas por las generaciones anteriores, dando origen a la idea de que existen unas matemáticas puras, fruto exclusivamente de la razón. Nace así una idea mística de las matemáticas.

Pitágoras y su escuela descubrieron que los intervalos musicales se traducían en relaciones numéricas relacionadas con la longitud de la cuerda de la lira. Si la armonía de la música estaba dominada por el número, todo el universo debía estar ordenado con unas reglas armónicas, aún por descubrir, que se podían expresar mediante relaciones numéricas. A pesar de sus avances y descubrimientos toparon con una clase de números que fueron incapaces de comprender, los que hoy en día llamamos reales. La explicación de estos números tuvo que esperar siglos, hasta que el desarrollo material y tecnológico lo permitió. A pesar de su fracaso, las aplicaciones prácticas de sus descubrimientos se continúan usando aún en nuestros días. La matemática griega aún continuó unos siglos más compilando saber matemático.

La edad media fue el reino de la dictadura filosófica de la Iglesia Católica y pocos avances se pueden resaltar. El mundo estaba diseñado por Dios no hay más que hablar.

El Renacimiento marca el fin de esta época. Galileo explica el movimiento con fórmulas matemáticas y se consigue explicar de forma exacta el comportamiento de los planetas.

En sus propias palabras: “El universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es humanamente imposible entender una sola de sus palabras. Sin ese lenguaje, navegamos en un oscuro laberinto”.

Con el estudio de la física nace la necesidad de otro tipo de herramientas matemáticas. El cálculo diferencial resuelve estas necesidades y Newton y Leibnitz culminan este proceso. Es el estudio de funciones continuas y explican no pocos problemas físicos.

En este contexto, otra vez renace la idea mística determinista, consistente en creer que absolutamente todos los procesos se pueden reducir a matemáticas y que sólo es cuestión de descubrir las leyes previas. Si yo sé la posición inicial de todas las partículas y conozco las fuerzas que actúan, puedo, en todo momento saber dónde estarán estas partículas y predecir su estado futuro.

Por otra parte, la potencia de las nuevas herramientas matemáticas, el cálculo y el álgebra moderna, deslumbraban a científicos y filósofos. Una idea neoplatónica, según la cual las matemáticas estaban antes que la realidad, y que la realidad sólo es un reflejo de la Idea. Las matemáticas no serían más que un conjunto de deducciones a partir de unos axiomas, no una generalización de la realidad.

Sistemas impredecibles

Pero esta idea mística era contestada por problemas reales. Un campo gravitatorio de más de dos elementos conducía a funciones extrañas, con propiedades sorprendentes, bruscas y un tanto desconcertantes. Por otra parte, el desarrollo de la ciencia matemática como ciencia puramente especulativa, también condujo al descubrimiento de “monstruos” matemáticos. Conjuntos con propiedades que ningún matemático era capaz de explicar: conjuntos con perímetro infinito pero de área cero, funciones no diferenciables…

Fue necesario esperar a la era de los ordenadores para llegar a entender los sistemas que se resistían a ser explicados por las matemáticas convencionales.

Un tipo particular de ecuaciones diferenciales, empleadas en los modelos de la meteorología, no pueden ser resueltas. Sin embargo se pueden calcular aproximaciones numéricas, que requieren muchísimos cálculos, teniendo en cuenta las condiciones iniciales. Esta es una alternativa viable, dada la capacidad de cálculo de los ordenadores.

A principio de los años sesenta Edward Lorenz simuló con su viejo ordenador de válvulas un modelo meteorológico. Introdujo cálculos con pequeñas variaciones iniciales y comparó los modelos resultantes. Pequeñas variaciones en funciones continuas, producen pequeñas variaciones en el resultado final. Pero obtuvo modelos en que al principio, pequeñas variaciones en las condiciones iniciales provocaban pequeñas variaciones a corto plazo, pero a largo plazo, al pasar el tiempo producían efectos completamente distintos.

Experimentó con variaciones cada vez más pequeñas y el resultado era el mismo: a largo plazo, los efectos eran completamente distintos. Lorenz bautizó a este efecto como efecto mariposa, explicando gráficamente que un aleteo de una mariposa podría desencadenar un huracán en otra parte del globo.

Hoy en día, los modelos meteorológicos mejorados, no son fiables más allá de diez días, por la misma razón.

Lorenz trató de buscar un patrón y obtuvo al imprimir los gráficos tridimensionales de las fluctuaciones una extraña figura. Aún tendrían que pasar años hasta que otros matemáticos la interpretaran. Esta figura es lo que hoy se llama atractor. A pesar de que las fluctuaciones siempre se mantienen caóticas, estas siempre están en torno a un atractor. En líneas generales, los sistemas caóticos, pueden tener más de un atractor. Variaciones pequeñas dan lugar a trayectorias muy distintas, pero dentro del mismo atractor. Sin embargo, hay alteraciones que pueden tener como consecuencia el cambio de atractor. En meteorología esto se traduciría en un cambio climático.

Atractores y geometría fractal

Esta relación fue planteada por primera vez hace apenas veinte años, con lo que es una teoría que apenas acaba de nacer y ya ha demostrado su enorme utilidad.

El estudio de distintos modelos caóticos da lugar a distintas figuras. Por ejemplo, las fases de un péndulo perfecto darán origen a una elipse y si consideramos el rozamiento, a una espiral descendente que acabará en un punto. Pero hay otra clase de atractores, llamados atractores extraños. Estas figuras solo pueden estudiarse con la geometría fractal.

El atractor de Lorenz es en realidad una figura que no tiene dimensión uno, pero que tampoco es una superficie, es decir, tiene una dimensión ¡no entera!

Un fractal es un conjunto que tiene la propiedad de parecerse a sí mismo a escala más pequeña. Si observamos un helecho, un brócoli, la ramificación de los bronquios… la organización fractal es la más habitual en los seres vivos.

Esta geometría explica los conjuntos “monstruos”, hallados a finales del siglo XIX, y sus propiedades poco tienen que ver con la geometría habitual, la Geometría Euclidiana.

Un problema tan sencillo como medir una costa pone de manifiesto los límites de la geometría clásica, que solo trata con líneas perfectas, rectas, circunferencias, etc. Si medimos el perfil de una costa mirando un mapa, obtendremos una longitud. Pero si aumentamos la escala, entonces consideraremos pequeñas irregularidades que antes, por efecto de la escala se han omitido y la longitud aumenta. Lo sorprendente, es que este proceso puede seguir y seguir… la longitud real, depende de la escala con la que midamos.

La realidad se presenta más compleja que la idea innata de círculo y recta… Esta nueva geometría hace resbalar a la lógica formal en casi todos los campos.

El desarrollo de la teoría del caos permite estudiar fenómenos tan diversos como el crecimiento de poblaciones, las oscilaciones electromagnéticas, el goteo de un grifo, el metabolismo celular, la meteorología, la evolución de las especies, su nacimiento y extinción, la economía…

Incluso modelos tenidos por lineales han tenido que ser revisados: el cerebro humano sigue un razonamiento lineal causa-efecto, pero puede ser la expresión consciente de un mecanismo regido por las leyes del caos en que cambios cuantitativos en un punto crítico dan origen a cambios cualitativos.

La Teoría de Catástrofes estudia el comportamiento de sistemas que evolucionan de forma gradual pero un pequeño cambio provoca un cambio total en el sistema. El agua a punto de desbordarse de un vaso, adopta en la superficie, debido a la tensión del sistema, la forma de una esferoidal pero una gota más y el sistema se desborda de forma caótica.

Contra la interpretación mística del caos

Estudios de dudosa calidad tratan de mistificar la teoría de caos, tratando de demostrar que existe un determinismo en fenómenos como la bolsa, o en cuántos puntos se marcarán en un partido de baloncesto. La teoría del caos no es determinista: no significa que existe una ley para predecir exactamente el resultado al cabo de un tiempo exacto, pero sí podemos establecer en qué entornos se moverá la variación y anticipar que determinada acumulación de cambios puede llevar al cambio total de sistema, no de forma gradual, sino de forma brusca, revolucionaria. Por otra parte, existen fenómenos puramente aleatorios, no caóticos. El cálculo de probabilidades, que no tenemos espacio para analizar, también es una brillante confirmación de la lógica dialéctica.

Creceremos

EL DESORDEN CREADOR

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977

Tomado de http://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Prigogine.htm

Consultado el 12/03/2007

Las opiniones sobre la noción de tiempo son, frecuentemente, variadas y contradictorias. Un físico dirá que ha sido introducida por Newton y que el problema que esa noción plantea ha sido globalmente resuelto. Los filósofos piensan de manera muy diferente: relacionan el tiempo con otras nociones, como el devenir y la irreversibilidad. Para ellos, el tiempo sigue siendo una interrogación fundamental. Me parece que esta divergencia de puntos de vista es la cesura más neta dentro de la tradición intelectual occidental. Por un lado, el pensamiento occidental ha dado nacimiento a la ciencia y, por consiguiente, al determinismo; por otro lado, este mismo pensamiento ha aportado el humanismo, que nos remite, más bien, hacia las ideas de responsabilidad y creatividad.

Filósofos como Bergson o Heidegger han planteado que el tiempo no incumbe a la física, sino a la metafísica. Para ellos, el tiempo pertenece claramente a un registro diferente, sobre el que la ciencia no tiene nada que decir. Pero estos pensadores disponían de menos herramientas teóricas de las que tenemos hoy.

Personalmente, considero que el tiempo brota de lo complejo. Un ladrillo del paleolítico y un ladrillo del siglo XIX son idénticos, pero las edificaciones de las que formaban parte no tienen nada en común: para ver aparecer el tiempo hay que tomar en consideración el todo.

El no-equilibrio, fuente de estructura

Los trabajos que he realizado hace una treintena de años han demostrado que el no-equilibrio es generador de tiempo, de irreversibilidad y construcción. Hasta entonces, durante el siglo XIX y gran parte del XX, los científicos se habían interesado, sobre todo, en los estados de equilibrio. Después han comenzado a estudiar los estados cercanos al equilibrio. Así, han evidenciado el hecho de que, desde el momento en que se produce un pequeño alejamiento del equilibrio termodinámico, se observa la coexistencia de fenómenos de orden y fenómenos de desorden. No se puede, por tanto, identificar irreversibilidad y desorden.

El alejamiento del equilibrio nos reserva sorpresas. Nos damos cuenta de que no se puede prolongar lo que hemos aprendido en estado de equilibrio. Descubrimos nuevas situaciones, a veces más organizadas que cuando hay equilibrio: se trata de lo que yo llamo puntos de bifurcación (puntos singulares que corresponden a cambios de fase en el no-equilibrio), soluciones a ecuaciones no lineales. Una ecuación no lineal admite frecuentemente varias soluciones: el equilibrio o la proximidad al equilibrio constituye una solución de esa ecuación, pero no es la única solución.

Así, el no-equilibrio es creador de estructuras, llamadas disipativas porque sólo existen lejos del equilibrio y reclaman para sobrevivir una cierta disipación de energía y, por tanto, el mantenimiento de una interacción con el mundo exterior. Al igual que una ciudad que solamente existe en cuanto que funciona y mantiene intercambios con el exterior, la estructura disipativa desaparece cuando deja de ser “alimentada”.

Ha sido muy sorprendente descubrir que, lejos del equilibrio, la materia tiene propiedades nuevas. También asombra la variedad de los comportamientos posibles. Las reacciones químicas oscilantes son una buena muestra de ello. Por ejemplo, el no-equilibrio conduce, entre otras cosas, a fenómenos ondulatorios, en los que lo maravilloso es que están gobernados por leyes extremadamente coherentes. Estas reacciones no son patrimonio exclusivo de la Química: la hidrodinámica o la óptica tienen sus propias particularidades.

En el equilibrio, la materia es ciega; lejos del equilibrio la materia ve

Finalmente, las situaciones cercanas al equilibrio están caracterizadas por un mínimo de alguna cosa (energía, entropía, etc.), al que una reacción de pequeña amplitud las hace retornar si se alejan un poco de él. Lejos del equilibrio, no hay valores extremos. Las fluctuaciones ya no son amortiguadas. En consecuencia, las reacciones observadas lejos del equilibrio se distinguen con más nitidez, y por tanto, son mucho más interesantes. En el equilibrio, la materia es ciega, mientras que lejos del equilibrio la materia capta correlaciones: la materia ve. Todo esto conduce a la paradójica conclusión de que el no-equilibrio es fuente de estructura.

El no-equilibrio es un interface entre ciencia pura y ciencia aplicada, aunque las aplicaciones de estas observaciones a la tecnología estén solamente en sus inicios. Actualmente, empieza a comprenderse que la vida es, probablemente, el resultado de una evolución que se dirige hacia sistemas cada vez más complejos. Es cierto que no se conoce exactamente el mecanismo que ha producido las primeras moléculas capaces de reproducirse. La naturaleza utiliza el no-equilibrio para sus estructuras más complejas. La vida tiene una tecnología admirable, que muy frecuentemente no llegamos a comprender.

Pensar en términos de probabilidades, no de trayectorias

El no-equilibrio no puede ser formalizado a través de ecuaciones deterministas. En efecto, las bifurcaciones son numerosas y, cuando se repiten las experiencias, el camino seguido no es siempre el mismo. Por tanto, el fenómeno es determinista entre las bifurcaciones, pero es totalmente aleatorio en las bifurcaciones. Entra en &directa contradicción con las leyes de Newton o de Einstein, que niegan el indeterminismo. Evidentemente, esta contradicción me ha preocupado mucho. ¿Cómo superarla? La actual teoría dinámica nos ofrece herramientas particularmente interesantes al respecto. Contrariamente a lo que pensaba Newton, ahora se sabe que los sistemas dinámicos no son todos idénticos. Se distinguen dos tipos de sistemas, los sistemas estables y los sistemas inestables. Entre los sistemas inestables, hay un tipo particularmente interesante, asociado con el caos determinista. En el caos determinista, las leyes microscópicas son deterministas pero las trayectorias toman un aspecto aleatorio, que procede de la “sensibilidad a las condiciones iniciales”: la más pequeña variación de las condiciones iniciales implica divergencias exponenciales. En un segundo tipo de sistemas, la inestabilidad llega a destruir las trayectorias (sistemas no integrables de Poincaré). Una partícula ya no tiene una trayectoria única, sino que son posibles diferentes trayectorias, cada una de ellas sujeta a una probabilidad.

Agruparemos estos sistemas bajo el nombre de caos. ¿Cómo tratar este mundo inestable? En vez de pensar en términos de trayectorias, conviene pensar en términos de probabilidades. Entonces, se hace posible realizar predicciones para grupos de sistemas. La teoría de caos es algo semejante a la mecánica cuántica. Es necesario estudiar en el ámbito estadístico las funciones propias del operador de evolución (hacer su análisis espectral correspondiente). En otros términos, la teoría del caos debe formularse a nivel estadístico, pero esto significa que la ley de la naturaleza toma un nuevo significado. En lugar de hablar de certidumbre, nos habla de posibilidad, de probabilidad.

La flecha del tiempo es, simultáneamente, el elemento común del universo y el factor de distinción entre lo estable y lo inestable, entre lo organizado y el caos. Para ir más lejos en esta reflexión, es necesario extender los métodos de análisis de la física cuántica, especialmente saliendo del espacio euclidiano (el espacio de Hilbert, en sentido funcional) en cuyo seno está definida. Afortunadamente, matemáticos franceses, ante todo Laurent Schwartz, han descrito una nueva matemática, que permite aprehender los fenómenos de caos y describirles en el ámbito estadístico.

Pero el caos no explica todo. La historia y la economía son inestables: presentan la apariencia del caos, pero no obedecen a leyes deterministas subyacentes. El simple proceso de la toma de decisión, esencial en la vida de una empresa, recurre a tantos factores desconocidos que sería ilusorio pensar que el curso de la historia puede modelizarse por medio de una teoría determinista.

El segundo tipo de sistemas inestables evocados más arriba es conocido bajo la denominación de sistemas de Poincaré. Los fenómenos de resonancia juegan en ellos un papel fundamental, pues el acoplamiento de dos fenómenos dinámicos da lugar a nuevos fenómenos dinámicos. Estos fenómenos pueden ser incorporados en la descripción estadística y pueden conducir a diferencias con las leyes de la mecánica clásica newtoniana o la mecánica cuántica. Estas diferencias se ponen de manifiesto en los sistemas en los que se producen colisiones persistentes, como los sistemas termodinámicos. La nueva teoría demuestra que se puede tender un puente entre dinámica y termodinámica, entre lo reversible y lo irreversible.

La inestabilidad no debe conducirnos al inmovilismo

Nos encontramos en un período “bisagra” de la ciencia. Hasta el presente, el pensamiento ponía el acento sobre la estabilidad y el equilibrio. Ya no es así. El propio Newton sospechó la inestabilidad del mundo, pero descartó la idea porque la encontró insoportable. Hoy, somos capaces de apartarnos de los prejuicios del pasado. Debemos integrar la idea de inestabilidad en nuestra representación del universo. La inestabilidad no debe conducir al inmovilismo. Al contrario, debemos estudiar las razones de esta inestabilidad, con el propósito de describir el mundo en su complejidad y comenzar a reflexionar sobre la manera de actuar en este mundo. Karl Popper decía que existe la física de los relojes y la física de las nubes. Después de haber estudiado la física de los relojes, ahora debemos estudiar la física de las nubes.

La física clásica estaba fundada sobre un dualismo: por un lado, el universo tratado como un autómata; por otro lado, el ser humano. Podemos reconciliar la descripción del universo con la creatividad humana. El tiempo ya no separa al ser humano del universo.

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Responses

  1. Creo que las lineas de pensamiento actual estàn produciendo lo que en su oportunidad produjo el pensamiento de Galileo.

    • en efecto, las transformaciones sociales y políticas, íntimamente relacionadas, indican un camino irreversible a rescatar lo humano de la humanidad y a impulsar una ruptura paradigmática que conduzca a nuevos horizontes en muchos ámbitos de la Totalidad.


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